domingo, 10 de junio de 2012
Policías que juegan a ser detectives
Un hombre mira atentamente la mugre del vaso que le acaban
de servir en un bar de los alrededores, a continuación se bebe el contenido de
un solo trago. Ya apenas le da asco encontrarse con ese tipo de cosas. Tal vez
sea el único con ropa limpia de todo el local y ya pronto sería uno de ellos,
es lo que tiene encontrarse sin trabajo.
-¡Ey! Dave colega invítame a algo.
Se gira y mira al tipo que le acaba de gritar eso.
-Yo no me llamo Dave- dice sorprendido.
-Claro que sí Dave no te hagas el tonto para no tener que
invitar colega, con la de veces que te he sacado de apuros tío. Invítame a
algo, no seas tacaño.
-Yo no me llamo Dave.
-Claro que sí... ¡¡¡Vamos!!! – Se echa la mano al bolsillo,
un brillo metálico se aprecia en él, cuando de pronto.
¡BANG,
BANG,BANG!
Guarda la pistola mientras piensa que ha hecho bien en no
deshacerse del arma reglamentaria y vuelve a mirar el vaso lleno de mugre.
El dueño del bar pestañea hacía el cadáver. Y sigue con su
trabajo.
Un chico de pelo castaño entra en el bar, mira al hombre que
yace en el suelo, sus ojos asustados intentan no detenerse en aquel cuerpo y se
detiene ante el hombre que no se llama Dave.
-Ponme otra de lo mismo.
-Señor.
-¿Qué quieres chico?- Le pregunta sin dirigirle la mirada.
-Necesito su ayuda.
-No soy una monja chaval.
-Señor Holland.
El hombre, con los ojos inyectados en sangre salta sobre el
chaval, a éste apenas le queda tiempo para retroceder un paso cuando empieza a
notar el aliento a alcohol sobre su cara y la fuerza de la mano de aquel tipo
retorciéndole la camiseta.
-¿Cómo sabes mi nombre?
-Ya basta. – El camarero da un puñetazo en la mesa, el vaso
lleno de Whisky se cae rompiéndose en varios pedazos. Holland afloja la
camiseta del chico, pero no le suelta. –Es un crío ¿es que no te das cuenta?
-Hoy en día los críos son las peores ratas, y este ya de
crío tiene poco. Dime ¿Quién eres?
-Necesito su ayuda para encontrar a una chica, su nombre
es...
-No te he dicho que me digas qué quieres, te he pedido tu
nombre.
-Me llamo Matthew.
Bajo una espesa mata de pelo castaño, se esconden unos ojos
del mismo color llenos de algo que no es miedo, sino desesperación.
-Y bien Matt...
-No es Matt, es Matthew.
-Y bien Matt- continúa Holland haciendo caso omiso al chico-
¿Qué quieres?-Por fin le suelta la camiseta.
-Busco a una amiga, se llama Noa. Creo que la conocerá
usted.
-Yo he conocido a muchas chicas chaval, ¿Cuántos años tiene
la jovenzuela?
-Un par de años mayor que yo, dieciséis hace ahora en mayo.
-Y dime, ¿por qué crees que la conozco y mucho más que te
ayudaré?
-Porque fue ella la que me dio su nombre. Dijo que la única
persona honrada de este mundo loco en el que vivíamos era el agente Holland.
-Pues muchacho, mis días como poli bueno acabaron esta misma
mañana, es más seguramente el sucio dinero que me han dado esos hijos de puta
me lo acabe hoy en este mismo cuchitril.
El camarero echa la vista hacia Holland, seguramente en el
siguiente Whisky caería algún escupitajo mezclado con la bebida.
-Su nombre es Noa Owen.
El hombre deja un billete sobre la mesa y se encamina hacia
la puerta de salida.
-¡Espere!¡Espere!
Pero Matthew no sigue gritando, sabe que por desgracia la
única persona que podría encontrar a Noa es ese tipo. Y lo mejor era dejarle
tranquilo.
Por ahora.
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La misma historia de siempre, con nombres extranjeros, para que parezca más molón.

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