lunes, 11 de junio de 2012
Despertar
Varias fueron las veces que
giré la almohada esa mañana. Cada vez que mi propia piel la calentaba la
giraba de nuevo para notar el frescor del otro lado. La puerta se abrió. Un
pequeño gruñido de disgusto se escapó de mi garganta. No quería despertarme, aún no. Los rayos de sol se filtraban a través de las rendijas
de la persiana. Un nuevo gruñido. Odiaba levantarme. Otro giro de almohada.
Cinco minutos más.


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